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Cómo puedes ayudar a tus hijos en casa

repaso Delta padres

El momento de ponerse a hacer los deberes o estudiar en casa siempre es crítico. Están jugando tranquilamente, viendo la tele después de comer o acaban de llegar de la actividad extraescolar (algunos tienen la agenda más apretada que un ministro, hablaremos de esto más adelante) y no tienen ningunas ganas.

Lo mejor en estos casos es no enfocarlo como un momento de aburrimiento o de “condena”, sino como un hábito diario compartido pero que poco a poco adoptarán con normalidad ellos solos. Esto debe iniciarse desde que son pequeños, ya en Infantil, cuando les ponen tareas manuales a realizar con la ayuda de los padres. Les encanta enseñar a sus papás los números que ya saben hacer o lo bien que han dibujado a la familia al completo. “Venga enséñame qué has aprendido hoy en Inglés”; “A ver si tú me puedes explicar las multiplicaciones que se me han olvidado un poco…” De esta manera el niño recibe un interés por conocer lo que hace cada día en el cole, al igual que él lo tiene por saber lo que hacen papá y mamá en su trabajo.

Esto no quiere decir que el niño deba tener en todo momento a su padre o madre al lado mientras hace los deberes (ni mucho menos que éste se los haga… ), pero tampoco que se le deje total libertad, ya que la gran mayoría se distraen con facilidad y no es nada práctico que se tire cinco horas frente a los libros. Evidentemente esto no es una ciencia exacta, depende tanto del nivel educativo en el que se encuentre como de las capacidades intelectuales del niño, pero por encima de todo ello éste debe percibir la predisposición y entrega de sus padres.

Por otro lado no es nada productivo mandarles a hacer los deberes cuando se portan mal ya que, lógicamente, lo entienden como un castigo y lo rechazarán cada vez más. En ocasiones les ofrecemos una recompensa del tipo “cuando acabes los deberes puedes volver a jugar” o “podrás comerte una chocolatina más”. Bien, aunque depende de la recompensa y de la cantidad y/o dificultad de las tareas, siempre que se hace esto hay que estar al tanto y revisar si lo están haciendo bien, ya que se las saben todas y lo hacen a la velocidad de la luz para conseguir ese premio pero sin prestar atención.

Otro aspecto que creo que se debe tener en cuenta es la hora del día en que los niños se ponen a estudiar. A veces sin darnos cuenta sobrecargamos su día a día y cuando llegan al final de su contrarreloj a la academia, están agotados y obviamente su rendimiento es mucho menor. Pongo el ejemplo de un niño de 2º de Primaria que termina su clase de repaso a las 19’00h; a esa hora su pobre cerebro está ya preparándose para darse un baño y descansar que para estar repasando la tabla del 7.

De cualquier modo, se trata de llevar estas situaciones con sentido común y naturalidad, intentando llegar a un acuerdo con los niños, no de convertir la zona de estudio en una sala de tortura.